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En otras oportunidades hemos señalado sobre la importancia de las remesas para los países en desarrollo y cómo esta masa monetaria son un factor influyente en la economía de un país. Pero más allá del lado económico, también hay un lado social, pues aunque las remesas son un factor relevante de desarrollo económico, sin duda el mayor impacto de las mismas, lo reciben las familias que poseen a un miembro en el exterior trabajando para enviar dinero a casa.

Este flujo de dinero que produce la diáspora de ciudadanos que todavía posee familia cercana en su país de origen genera cambios de todo tipo pero quizás el más importante de todos, es el mayor acceso a bienes y servicios de las familias que lo reciben, pues producto de ese dinero extra que ingresa desde el exterior reciben una importante ayuda económica que de otro modo no tendrían, aunque por otra parte, ello jamás compensará la falta de esos miembros que ahora están ausentes a la mesa, dejando un vacío que causa dolor y tristeza por la separación familiar.

Diáspora Venezolana en crecimiento

Sin duda muchos países latinoamericanos poseen una amplia experiencia con la migración de sus ciudadanos a otras latitudes con la finalidad de conseguir mejores oportunidades y empleo. Países como Cuba, México, Colombia, Chile, Honduras, El Salvador o Perú son sólo una breve muestra de países Latinoamericanos que han pasado por éstos procesos socioculturales. No obstante, ello es un fenómeno que recientemente ha tomado auge en Venezuela, dadas las precarias condiciones económicas, sociales y políticas en que se encuentra la nación. Según estimaciones de algunas ONG, la diáspora Venezolana que hace unos 20 años era mínima, hoy en día se sitúa en al menos unos 2.000.000 millones de personas (y contando) que han decidido marcharse al exterior en busca de no sólo de una mejor calidad de vida (en el país no existe), sino también mejores oportunidades laborales, profesionales y hasta educativas.

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Pero este crecimiento desmesurado de la diáspora Venezolana, ha despertado las alarmas en varios sectores pues es un fenómeno que sigue creciendo día tras día y no parece detenerse, convirtiéndose en una constante fuga de cerebros de las personas más capacitadas de nuestro país y que a mediano plazo menoscabará aún más las perspectivas de crecimiento y desarrollo de Venezuela. Sólo para comprender la magnitud de lo antes señalado, basta con tratar de buscar cuántos profesionales del IESA “Instituto de Estudios Superiores de Administración” aún perduran en el país o visitar las dependencias del Ministerio para el Poder Popular de Educación Superior para ver las filas de jóvenes preparando sus datos académicos para irse del país.

Ahora, si bien es cierto, que muchos de los que se han ido de Venezuela, poseían algún capital integrado por bienes muebles e inmuebles que pudo ser dispuesto para marcharse del país, a fin de arrancar en otros países alguna iniciativa o emprendimiento comercial, ese no ha sido el caso de la gran mayoría de los Dreamers Venezolanos que sólo se han llevado una maleta llena de ilusiones y proyectos de vida, para comenzar desde cero. Ya esto supone, que no todas esas personas las han tenido fácil, pues la vida de la mayoría de sus vidas en el exilio, están plagadas de sacrificios, (en algunos casos maltratos), trabajo duro y superación personal, todo ello movido por la necesidad de abrirse camino en un nuevo país para luego enviar dinero a sus familias en casa.

La tradición de ayuda al inmigrante ahora se hace por Facebook

Venezuela siempre se caracterizó por tener una política de brazos abiertos. Durante los años 40, 50, 60,70 y 80 del pasado siglo XX, nuestro país siempre tendió la mano a quienes buscaban refugio para establecerse y reconstruir su vida, luego de pasar por guerras, persecuciones, alienación política en sus países de origen, etc. Muchos de esos nuevos Venezolanos (ahora algo mayores) aún recuerdan personajes cómo Don Salvador Salvatierra (uno de los fundadores del extinto Banco Unión), que bajaba a los puertos de La Guaira para recibir a los inmigrantes españoles, portugueses, alemanes, árabes, etc., que llegaban en barcos provenientes de otros países donde no eran aceptados, para entregarles una cuenta de Ahorros con Bs.5 a cada grupo familiar como parte de la confianza depositada por el visionario banquero en ellos. Esta confianza se vio gratamente recompensada con el paso de los años, cuando esas familias lograron establecerse con su trabajo duro en el país como ciudadanos Venezolanos y es que para los que aún no lo sepan, Venezuela fue durante esos años el mejor país de la región para vivir.

Esa fraternidad y solidaridad que poseemos escrita en el ADN de los venezolanos, actualmente se ha volcado para atendernos a nosotros mismos, a través de la creación de grupos de ayuda en las plataformas sociales como Facebook, LinkedIn, Google Plus y otras. Estos grupos tienen por objeto brindar información sobre cómo emigrar de Venezuela y no morir en el intento, gracias a que poseen información valiosa basada en experiencias vividas por otros coterráneos en una gran cantidad de países, la cual es compartida en forma de consejos, trucos y ayudas para establecerse en los diferentes destinos seleccionados por los nuevos autoexiliados del país.

El impacto en otros países

Pero por otra parte, debido a la inmensa cantidad de almas que han emigrado, evidentemente han ocasionado un impacto de índole social, cultural y hasta económico en muchos países, los cuales en consecuencia han endurecido las condiciones para la permanencia de los Venezolanos dentro de otros territorios, poniendo obstáculos para el acceso a los permisos de trabajo y de residencia así como impedimentos para obtener números de identificación tributaria esenciales en algunas latitudes para llevar a cabo cualquier actividad económica. Y lo peor del asunto, es que no existen perspectivas de que la emigración de venezolanos vaya a disminuir en corto o mediano plazo, por lo que es posible que se sigan poniendo más trabas para frenar la inmigración de venezolanos.

Mucho se ha insistido en “no” exacerbar la Xenofobia, dentro de los países de habla hispana donde los venezolanos han llegado para trabajar, pues aunque algunos han hecho mucho daño (y como venezolanos nos apenamos por eso), la mayoría de los que eligieron esos países son personas honradas que partieron de Venezuela en busca de trabajo y una mejor calidad de vida que por supuesto aquí no poseen, por lo que las protestas anti venezolanas como la ocurrida en Panamá, no deberían repetirse.

El impacto de las Remesas de los expatriados

Una vez que esos venezolanos se han establecido en los países de destino, sorteando la serie de obstáculos que como inmigrantes deben pasar, en el momento que han podido ejercer alguna actividad económica, comienza el largo proceso de adaptar su ritmo de gastos versus el dinero que deben enviar a sus familiares en Venezuela. Cuando consiguen ahorrar entre USD50 y USD100 dólares buscan la forma de enviar dinero a Venezuela, pues están conscientes que la condiciones económicas se están deteriorando día tras día producto de la devaluación constante de la moneda y de la hiperinflación por la que atravesamos. En este punto hay que señalar que, aunque algunos economistas insisten en no reconocer el fenómeno y aún hablan sólo de alta inflación, lo cierto es que los precios de los productos que antes aumentaban de un mes a otro y que luego aumentaban de una semana a otra, hoy podemos observar cómo en determinados artículos o rubros el cambio de precio es interdiario, razón más que valedera para considerar la economía venezolana como hiperinflacionaria.

En ese sentido, vale resaltar que aunque el propio Banco Central de Venezuela (BCV) no ha publicado el índice nacional de precios al consumidor (INPC), los efectos de una economía hiperinflacionaria, si son padecidos por quienes viven en el país, por lo que cualquier familia venezolana que en este momento reciba como ingreso extra, entre Bs.300.000 o Bs.600.000 puede sobrepasar algunos efectos de la crisis económica, mejor que el resto que no posee familiares en el exterior y que no posee ingresos adicionales.

Recordemos que el CENDA (Centro De Documentación y Análisis Para Los Trabajadores) registró la variación anualizada del 508% en el costo de la canasta alimentaria (sólo comida) de la familia venezolana entre enero 2016 y enero 2017, equivalente a la cantidad de Bs.519.141,06. No obstante, ya en marzo de este mismo año, la misma canasta registraba nuevamente una variación al alza, para situarse en Bs.605.416,05, indicador que no contempla el costo de bienes y servicios, que al ser sumados a esa cantidad sube hasta los Bs768.672,48 en el mismo mes. Sin embargo, hay otros indicadores con signos más alarmantes del estado de la economía venezolana que consideran que hoy por hoy una familia debe tener un ingreso promedio de Bs.1.300.000 para poder pagar todas las cuentas y llegar al fin de mes comiendo 3 veces al día.

Por esta razón es más que vital para los expatriados enviar dinero a sus familiares en Venezuela, pues de ellos depende su supervivencia. Conseguir enviar dinero a Venezuela no es fácil debido a los controles cambiarios impuestos por el gobierno desde el 2003, por lo que para algunos venezolanos en el exterior la solución para hacer llegar esas remesas a sus familiares es vender esos dólares a un amigo, que deposite en sus cuentas en Bolívares al cambio, mientras que para otros simplemente la solución es Bitcoin, pues con enviar a sus familiares la cantidad deseada, éstos podrán cambiarlos dentro de Venezuela en LocalBitcoins o en algún Exchange de los que todavía operan en el país.

Sin embargo, para otros la solución es vender directamente sus dólares en plataformas como mercaDOLAR donde sus usuarios intercambian Dólares por Bolívares, siempre y cuando se posea una cuenta bancaria dentro de los Estados Unidos. En un proceso rápido y sencillo los venezolanos emplean este agente intermediario para hacer llegar a sus familiares y en algunos casos a sus amigos dinero para poder paliar la grave situación económica. La plataforma mercaDOLAR fue creada por venezolanos para venezolanos y busca dar una ventana de oxígeno a muchas familias ahogadas por la situación económica del país.

En definitiva, parece que la diáspora venezolana seguirá creciendo, pues lo que se vislumbra en el corto plazo es un continuo deterioro el país, en virtud del empeoramiento de las condiciones sociales, políticas y económicas de Venezuela. Lo importante es que existen formas para que las familias venezolanas que tienen a sus seres queridos en el exterior, reciban ayuda económica que les permita sobrellevar la grave crisis que atraviesa el país.

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